En la primera parte de este tema hablamos un poco acerca de los miedos internos, cuáles eran sus efectos y qué estrategias simples podíamos adoptar en un primer momento con el fin de enfrentarlos y dominarlos. En esta oportunidad quiero continuar el tema desde un enfoque distinto, respondiendo a la pregunta ¿cómo creamos los miedos internos?

Ahora que tienes ciertos miedos, no querrás aumentar la lista. Una vez que el miedo nace, es difícil atacar su raíz, porque los miedos ya están implantados en nuestra mente y se han extendido más allá de su fuente original. Por eso, en esta segunda parte vamos a indagar cómo nacen los miedos. Cuando respondamos esta pregunta, tendremos las herramientas necesarias para dejar de crear miedos internos de manera innecesaria, así que todo lo que necesitamos es un poco de reflexión atenta.

Los miedos internos son creaciones tuyas, al igual que las emociones. Sin embargo, la mayoría de las emociones están allí por una razón, pero los miedos sobran. Es decir, aunque nos informan acerca de cuáles son nuestras dudas, nuestras inseguridades y demás; y aunque en su conjunto sean una representación de quienes somos (y quienes no somos); los miedos pueden erradicarse completamente (no así las emociones) sin alterar nuestra estabilidad psicológica.

Aunque existen muchas formas en las que los miedos nacen y toman forma, podemos identificar algunas de sus causas más comunes:

1. Tienes creencias incuestionables.

Como ya hemos visto, las creencias son las que configuran el modo en que te ves a ti mismo y el mundo. Aunque no lo creas, tus creencias pueden dar lugar a ciertos miedos que son tan artificiales como las mismas creencias que tienes. Es posible que la sociedad te haya vendido ciertos ideales que deben cumplirse a cabalidad o de lo contrario serás una persona excluida.  


frases que debes ignorar

La lista podría seguir y seguir. Algunas creencias serán muy personales y otras serán más “sociales”, por decirlo así. En otras palabras, algunas de tus creencias son algo que tú mismo has creado y no necesariamente algo que todo el mundo (o la mayoría) cree. Estas son las más fáciles de eliminar, pues sólo requieren un buen esfuerzo de tu parte. Las otras creencias, que son más extendidas (que si no tienes dinero no puedes ser alguien feliz, por ejemplo), son más difíciles de erradicar. Aquí tienes varias opciones. Las más extremas son: o bien vives conforme a estas creencias y construyes tu estilo de vida alrededor de ellas, o decides crear un estilo de vida propio que será juzgado y condenado por muchos.

En cualquier caso, lo que quiero que hagas es cuestionar las cosas en las que crees, que caigas en la cuenta de que no son algo fijo, que no son la verdad, que no son el único camino, que no son la única forma de vivir.

Supera tus miedos íntimos

2. Negación:


Gran parte de nuestros problemas tienen en común esta palabra clave. Cuando niegas e ignoras un punto sensible (y potencialmente difícil) de tu vida, éste toma tanta fuerza que te golpea de vuelta con una fuerza que apenas puedes soportar. Esto sencillamente ocurre porque no enfrentas tus limitaciones y tus problemas, y éstos se fortalecen cuando no son enfrentados. En este sentido, tus miedos comienzan a crecer desmesuradamente cuando marginas rasgos de tu personalidad por distintas razones. O bien son demasiado dolorosos para ti, o bien son algo de lo que no te sientes orgulloso.

Inclusive, es posible que hayas convertido esos rasgos en algo que no son, maquillándolos y haciéndolos parecer algo que en el fondo no son. Por ejemplo, si eres alguien inseguro, vas a proyectar esa inseguridad en otros, buscando sus puntos débiles y sus miedos. Es como si desviaras la atención hacia otra parte, desaprobando las inseguridades de los demás para que no se fijen en las tuyas.

Sugerencias para acabar con los temores personalesTambién puedes negar tus falencias construyendo una máscara para ellas. El problema es que esta máscara es tan frágil que puede romperse muy fácilmente. Y aunque los demás no sepan cómo romperla, tú sabes, muy en el fondo, que es una máscara. A pesar de que le ocultes tu verdadero rostro al mundo, una parte de ti (que bien puede ser inconsciente) conoce ese rostro. Esta contradicción crea desequilibrios en tu personalidad que pueden hacerse muy resistentes si sigues invirtiendo tu energía en mejorar y fortalecer tu máscara, en lugar de enfrentar el problema.

Un ejemplo de esto que te acabo de decir son aquellas personas que no tienen una identidad definida (no saben qué quieren ser o qué son, y/o no quieren saberlo) o aquellas personas que temen el rechazo de los demás. Lo que hacen estas personas es construir una máscara que les agrade a los demás. Niegan su vacío de identidad y crean un personaje ficticio que piensa y actúa de una manera que no es la propia, pero que es la aceptada. Estoy casi seguro de que todos hemos conocido personas de este tipo, porque al fin y al cabo resultan fáciles de identificar: sencillamente sentimos que “algo no cuadra”, que hay algo raro en estas personas, que buscan llamar demasiado la atención, que tienen ideas muy superficiales, que hacen todo lo posible por no ser rechazadas, etc.

La negación se puede manifestar también respecto a aquellos malos hábitos o defectos que nos causan vergüenza. Lo que hacemos en este caso es tratar estas características nuestras como si no fueran parte de nosotros. Piensa en esto como si tuvieras una infección en una mano, y en lugar de cuidarla y tratarla con antibióticos, le pones una venda encima y la ignoras, como si no existiera.


3. No consideras tu mundo interno y tu propia vida como una prioridad.

Hace un buen rato hablábamos sobre los rasgos de carácter y te comentaba que uno de los aspectos más poderosos consistía en considerar nuestros asuntos personales como una prioridad. Pues ahora te digo que también es un rasgo que impide que nuestra mente cultive miedos innecesarios.

maneja tus emocionesLa razón es simple. Pones a otros en primer lugar y te preocupas más por ellos que por tu propia vida. Tu vida está hecha un caos y prefieres sacrificar tu tiempo y tus esfuerzos haciendo mejor la vida de otras personas. De hecho, buscas desesperadamente ocupar tu mente y tus energías en alguien más, con el fin de no tener que lidiar contigo mismo. Por supuesto, no vas a aceptar que esto es lo que haces, sino que te vas a decir a ti mismo una serie de excusas y razones que te harán sentir bien con ese descuido personal. Que es más importante ayudar a los demás, que hay personas con problemas más grandes que los tuyos, que primero está la familia, que las relaciones sociales son algo fundamental, etc.

Es posible que también te estés privando de tener experiencias satisfactorias (sean cotidianas o algo más grande) porque consideres que no las mereces o, como te acabé de advertir, consideres que primero están las experiencias satisfactorias de los demás.

4. Te reprimes.

No expresas tus ideas, no le das valor a lo que sientes, a lo que deseas. No reconoces lo valioso que eres. Piensas que no sabes nada, que eres torpe, que tus sueños son ilusiones y fantasías irrealizables. Ignoras los mensajes que en alguna parte dentro de ti, están intentando salir. Tus metas personales, tus objetivos y tus proyectos más ambiciosos son algo que guardas en la caja más empolvada de toda tu vida. Primero está el dinero, primero están las relaciones personales, primero están las cosas que los demás quieren de ti (que trabajes, que seas “alguien” en la vida, que termines todo lo que comiences, que te compres esto o aquello, que seas un profesional, etc.). Todo está primero antes que eso que es lo más personal, lo más íntimo y lo que más fuerza tiene dentro de ti.

En general, lo que piensas es algo como lo siguiente:


ponte en primer lugar




5. Tienes una actitud que te arrastra hacia los peores resultados.

ataca el origen de tus miedos
Eres pesimista (o demasiado realista), sólo piensas en qué tan mal pueden salir las cosas. Nunca esperas mucho de nada y te conformas con poco. Acometes tus desafíos con poca energía, siempre esperando lo peor. Tu lema es “si espero lo peor, todo lo que resulte será bueno”. Renuncias antes de empezar. No crees en ti mismo, en lo que haces, en lo que piensas. Siempre tienes en mente aquellas cosas que no quieres y jamás piensas en positivo, en aquellas cosas que quieres. Quieres algo, pero lo quieres a medias. No estás dispuesto a luchar, a sudar y sangrar por lo que quieres. Quieres que todo sea fácil desde el primer momento y que apenas tengas que mover un dedo. Piensas que las cosas se deben manifestar de la manera más fácil y cómoda posible para ti. Piensas que después del primer paso, todo será dicha y victorias. No comprendes el proceso de cambio y que las cosas que más valen la pena (esas que están bloqueadas por el miedo) son las más duras de lograr, y que toman tiempo. Te quejas de que todo sale mal y no te fijas en lo que está fallando.


6. Tienes ideas demasiado fijas acerca de los resultados.

miedos profundos
Te desanimas rápidamente si las cosas no salen como esperas desde el primer segundo. Tienes una idea prefijada acerca de cómo tiene que pasar todo. Si te acercas a alguien y esperas sacarle una sonrisa en el primer minuto o que se alegre apenas te vea; pero esto no sucede, te sientes rechazado y ahí nace tu miedo. Si piensas que con la edad que tienes ya debes tener una pareja, o una familia; pero no la tienes, ahí nace tu miedo. Si vas a emprender algo nuevo y difícil, pero no contemplabas errores en tu plan y estos se presentan, ahí nace tu miedo.



Si crees que las cosas tienen que pasar por una serie de etapas, en cierto orden y de cierta forma; y esto no sucede, pierdes la esperanza y ahí nace tu miedo.

Lo que tienes que hacer a este respecto es ser un poco más flexible y estudiar un poco mejor cómo es que suceden las cosas. Observa un poco mejor y reflexiona sobre tu miedo. ¿Tienes una idea demasiado estricta acerca de cómo tienen que pasar las cosas para que no sientas miedo?

7. Tienes una idea errónea acerca de los errores que cometes.

superar miedos internos
En conexión con el punto anterior, muchos de los miedos nacen porque pasó algo que no esperabas. Entonces no quieres que vuelva a suceder. Si te rechazaron una vez (y especialmente, si no sabes por qué), vas a desarrollar un miedo al rechazo (es natural que no quieras ser rechazado de nuevo). Lo que suele suceder es que, por un lado, cometiste un error que no anticipabas (lo más normal del mundo) y por otro lado, crees que después del primer error, todo está perdido. Es decir, todo tiene que ir perfecto para que te sientas seguro, pero si cometes un error, no te perdonas y comienzas a desarrollar miedos. Y peor aún si no sabes cuál error cometiste.

En este caso, no te centras en el error sino en el resultado. Tendrás miedo al resultado pero no pensarás en el error que derivó en ese mal resultado. No acometes tu temor con cabeza fría, sino que te centras en tu emoción y en el resultado, no en el proceso.

Además piensas que los errores son cometidos cuando estás haciendo las cosas mal. Usualmente esto no es tan cierto. El éxito se construye a base de errores (Espero extenderme en este tema en un futuro post).


8. Tienes conflictos internos sin resolver.

Una vez que has atravesado las etapas anteriores, tu mente tendrá conflictos muy profundos que luchan entre sí por atrapar tu atención. Además, ya que niegas o aíslas ciertas partes de ti mismo, no tienes el mismo acceso a todas las partes involucradas en el conflicto y te resultará muy complicado hacer algo al respecto. En este punto, quizá ignores de nuevo esos conflictos y te concentres en tu trabajo, tu estudio o tus relaciones con los demás. De vez en cuando, toda esa lucha interna saldrá a flote, pero tú harás lo imposible por volver a hundirla y que se quede en el fondo de tus problemas. Después de todo, tienes problemas más importantes que atender.

supera tus miedos
El problema es que esas guerras internas están pudriendo todas las dimensiones de tu vida. Que no te sorprenda por qué tienes un trabajo que no te gusta, por qué estás constantemente irritado, por qué te sientes tan cansado siempre, por qué te cuesta distraerte y divertirte, por qué tienes relaciones amorosas tan complicadas, por qué tienes amistades que apenas soportas, etc.

Y por supuesto, no te vayas a sorprender si de repente eres alguien inseguro, que teme ser rechazado, que tiene miedo de ser herido en una relación (aquí tal vez intentes hacerte el fuerte y te vuelvas insensible, otro efecto de la negación), que tiene miedo de quedarse solo y no ser digno de amor, que teme tanto a cometer un error que no puede superar sus equivocaciones y por eso no intenta nada nuevo, que tiene miedo a decir lo que piensa, a no ser “apropiado” para los demás, etc.


9. Cierras tu mundo interno.

superar los miedosUna vez que padeces lo que te he mencionado anteriormente, fácilmente puedes decidirte a cerrar tu mundo personal. Puedes llegar al extremo de cerrarte casi por completo a las relaciones interpersonales, o puedes cerrar tu mundo personal. Ese mundo está tan dañado, tan adolorido, tan confundido y tan desordenado que es mejor sellarlo herméticamente y no permitir que nadie entre a hacer más estragos. Así, conviertes tu vida en un flujo de vivencias superficiales, construyes barreras tan altas y tan gruesas que ni el más hábil de los seres puede penetrar tus defensas. En definitiva, te cierras a ti mismo, a tus emociones, a tus pensamientos más propios, a tus deseos y sueños, a los demás, etc.

Como verás, este tema es largo, pero también es muy interesante, porque hay muchas formas de abordarlo y hay muchas cosas que puedes comenzar a hacer para superar tus miedos. En la próxima oportunidad, te ofreceré otra estrategia para que los miedos que tienes no tengan un efecto tan devastador en tus emociones.

De nuevo, quiero que me comentes cuál es tu mayor miedo. Si ese miedo tiene más de seis menciones, haré un post especial al respecto.


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  1. Muy interesante lo que explicas. En cierta medida, uno no se da cuenta del inmenso control que tiene sobre lo que teme. Para mi es difícil liberarme de ciertas ideas fijas que tengo sobre las cosas, pero me ayuda ver que puedo tomar el control.

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  2. EL ORIGEN DE LOS MIEDOS

    Algunas teorías explican que el origen de los miedos, que no son de supervivencia, surge a partir de los patrones familiares de conduc­ta. Si los padres demuestran ser miedosos, es posible que los hijos desarrollen carac­terísticas similares. También se originan en las instrucciones verbales negativas. Una in­formación negativa sobre alguna situación o actividad puede ser una fuente que genere el temor. Otro posible generador de miedos es presenciar malos tratos, peleas o situaciones que impacten emocionalmente (accidentes, muerte de algún ser querido, etc.). En ocasio­nes, estos miedos pueden derivar en trastor­nos clínicos como fobias específicas, ansiedad generalizada o estrés postraumático.

    http://psicologia-terapias.blogspot.com.ar/2013/11/el-origen-de-los-miedos.html#.UuRPPtItq1s

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