por qué esperar hasta año nuevo

A pesar de que he dedicado 9 publicaciones con la intención de ofrecerte recomendaciones para alcanzar tus propósitos de año nuevo, dándote consejos de todo tipo para cambiar tus emociones, pensamientos y comportamientos, me gustaría que comenzaras a pensar críticamente aceca de lo que implica la idea de elaborar resoluciones para el inicio de año y decidir por tu propia cuenta si esta forma de pensar te conviene o no.

Ciertamente, no todos somos muy buenos cumpliendo nuestras resoluciones de año nuevo. Muchos de nosotros incluso ya hemos abandonado esas resoluciones para Febrero, puesto que aproximadamente el 45% de las personas renuncian a sus propósitos de año nuevo en el primer mes, según algunos estudios.

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Sin embargo, esto no debe ser una preocupación, puesto que el ser humano no funciona de una única manera a la hora de lograr metas. Es por esta razón que las personas no alcanzan el éxito, la fama o la fortuna de la misma manera. Simplemente no existe una fórmula para eso, aunque existan recomendaciones valiosas que podemos incorporar a nuestro sistema de creencias.

¿Es necesario cumplir con tus metas de año nuevo?
"Mucha gente mira con interés el año nuevo para seguir con los mismos hábitos".



“El objetivo de un año nuevo no es que debemos tener un nuevo año.
Es que hay que tener una nueva alma.”
G. K. Chesternut.
Hacer propósitos de año nuevo es una excusa

Si casi la mitad de las personas abandona sus metas en enero, algo debe estar pasando. Tal vez la idea de año nuevo nos esté nublando el pensamiento. Por ejemplo, como lo he dicho en anteriores ocasiones, la motivación inicial es tan abrumadora que nos engañamos pensando que va a ser la misma todo el año. Por otro lado, como decía el escritor Mark Twain, hacer propósitos de año nuevo es hipócrita, puesto que también se usa como una excusa para cometer excesos en año nuevo y es meramente una tradición que se repite anualmente pero que no resulta ser útil en absoluto:

Mark Twain

Cualquier momento es bueno para comenzar


También he mencionado anteriormente que el inicio de cada año NO NECESARIAMENTE es el mejor momento, o el momento perfecto, para plantearnos propósitos. Esta forma de pensar nos ata a la espera por un nuevo año o un nuevo lunes para iniciar proyectos, cuando tenemos más meses del año y días de la semana para comenzar a trabajar por nuestros deseos. La conveniencia del lunes o del año nuevo no es más que una tradición cultural que se nos implanta socialmente, sin que pensemos con detenimiento el "por qué" de la misma. Después de todo, así son las tradiciones.

Cada segundo es vacío, es nuevo, cada nuevo segundo es inmaculado y está lleno de posibilidades para hacer algo nuevo. El tiempo no maneja etiquetas ni está organizado y diferenciado, eso lo hacemos nosotros como seres humanos para funcionar en muchos aspectos. Para muchos, el año nuevo o el inicio de semana es una repetición mecánica de ritos y prácticas que prácticamente nos obliga a proponernos algo para consolarnos y sentirnos tranquilos de que estamos luchando por nuestras metas, y que tenemos un propósito en la vida, como es deseable para el resto del mundo. Si no tienes metas por las cuales luchar, no eres nadie, dicen algunas frases en las redes sociales.

Deja de estresarte por el año nuevo
"La vida no es sino una continua sucesiñon de oportunidades para sobrevivir". Gabriel García Márquez.

Las resoluciones de año nuevo pueden ser psicológicamente perjudiciales

Algunas personas suelen beneficiarse de esta tradición y usarla como anclaje e impulso para cambiar su vida en algún aspecto, pero me temo que para un gran porcentaje de las personas, es simplemente una forma de presión psicológica y social que no tiene trascendencia y que de hecho genera un efecto negativo conocido como la paradoja de la voluntad, que consiste en que el determinarnos a hacer algo, hace que ya no queramos hacerlo.

El problema con el inicio artificial de un nuevo año consiste en preocuparnos demasiado, en seguir una tradición por inercia, en que un año más se convierte en una carga y no en un impulso, en que nos contentemos inocentemente a nosotros mismos con habernos propuesto algo aunque no hagamos nada más allá de eso, en que tracemos metas para sentir que estamos acercándonos a nuestros más preciados proyectos cuando realmente no es así.

Igualmente, el optimismo que suele ser tan característico del año nuevo no es siempre nuestro mejor aliado, ya que puede hacer que pensemos que nuestros objetivos son más fáciles de lo que realmente son y nos lleva a calcular mal los esfuerzos y recursos necesarios de los que tenemos que disponer para lograrlos. Además, fallar en año nuevo a veces significa renunciar a una meta el resto del año. Si imaginamos un inicio perfecto y este es destrozado al cabo de unos pocos días, podemos ir directo a la frustración y ese desencanto puede hacer que renunciemos más rápido.

Críticas a los entusiastas por las resoluciones de año nuevo
"El objetivo de un año nuevo no es que debemos tener un nuevo año. Es que hay que tener una nueva alma". G. K. Chesternut

No dejes que el año nuevo determine el ritmo de tus metas

En ocasiones el año nuevo nos lleva a exageraciones y nos consume una gran cantidad de energía, el inicio del año nos sobrecarga de nuevo con todas las cosas que nos gustaría emprender, de todo lo que tenemos pendiente, de los logros que siempre hemos añorado alcanzar, de tantas cosas que nos gustaría hacer. Por eso para algunos el año nuevo se convierte en un desgaste de esperanzas e ilusiones, de caminos abandonados antes de iniciarse y de frustración y baja autoestima al sentir que no somos lo suficientemente buenos para cumplir nuestros objetivos.

No es de sorprender que otros personajes ilustres de la historia hayan escrito en contra del año nuevo. Antonio Gramsci escribe igualmente acerca de los efectos psicológicos negativos que ocasiona pensar que el año nuevo es "nuevo", que la continuidad del tiempo y de la vida puede ser anulada arbitrariamente y que el ritmo de nuestra propia transformación la determinan los números sobresalientes en un calendario:

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos Años Nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión. Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc.

Es un mal propio de las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los Años Nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1192 y 1490 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un Nuevo Mundo, para entrar en una nueva vida. Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora.

Por eso odio el Año Nuevo. Quiero que cada mañana sea para mí Año Nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me sienta borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor. Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.

[1º de enero de 1916, periódico Avanti! (recogido en el libro Bajo la Mole – Fragmentos de Civilización); traducción tomada del sitio gramscimania.info.ve]

No te propongas logros de año nuevo
"Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud. No te quejes". Maya Angelou.

Finalmente, aunque algunas investigaciones dicen que es mejor comenzar a trabajar por nuestras metas los lunes puesto que separar mentalmente el pasado con delimitaciones temporales hace que olvidemos los fracasos previos y estemos más dispuestos a acometer nuevos desafíos (esto se conoce como "el efecto del nuevo comienzo" o the fresh start effect.), es necesario abordar esta idea con sentido crítico. Lo que realmente revelan estas investigaciones es que la gente tiende a elegir marcadores temporales sobresalientes como los lunes o el año nuevo para emprender nuevos proyectos, pero esto no significa que realmente sean éxitosos al respecto.

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