Dando continuación al debate acerca de las desventajas del pensamiento positivo y optimista, presentaré en esta ocasión 3 argumentos más, que complementan la idea de que el optimismo no es tan beneficioso y eficaz como quieren hacernos creer las personas que hacen uso de este contenido de manera pura o radical.

A pesar de que continuamente se nos dice que uno de los secretos para el éxito se basa en el poder del pensamiento positivo, la fórmula no es tan sencilla y debe ser aplicada cuidadosamente en cada caso particular. De lo contrario, estaremos exponiéndonos a riesgos importantes en nuestra salud física y mental.

Para recapitular, recordemos los tres argumentos que se han desarrollado hasta el momento:

3 errores de las personas demasiado optimistas
Haz clic en la imagen para agrandarla.

En esta ocasión abordaremos 3 desventajas más:

4. El optimismo radical es agotador y contraproducente a nivel emocional.
5. El optimismo radical puede disminuir tu autoestima en lugar de aumentarla.
6. El optimismo radical genera sesgos que te impiden ver el panorama completo.


Error #4: El optimismo puro es agotador y el pensamiento positivo puede ser ineficaz y contraproducente.


El optimismo es agotador y puede ser ineficaz y contraproducenteEl optimismo demanda mucha energía y recursos emocionales y cognitivos, y esto te puede agotar al extremo, puesto que es una actitud que no permite tiempos fuera ni descansos. Ser optimista todo el tiempo puede ser comparado a tener los músculos de tu cuerpo tensionados permanentemente. Imagina tener los músculos de la cara tensionados por más de 10 minutos. Eventualmente, sentirás dolor, tus músculos se rendirán y tendrás que relajarlos.

Lo que quiero decir es que el cuerpo no puede soportar tanta carga y debe tener momentos de activación y de relajación, de tensión y distensión. El problema surge cuando se nos hace creer que las emociones negativas deben ser reguladas (el desánimo, la rabia, el desespero) mientras que las positivas no. 

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El pesimismo y el pensamiento negativo son un tiempo fuera que también contribuyen a nuestra salud mental.


Las emociones negativas son necesarias y útiles



Por un lado, las emociones negativas son aspectos centrales de nuestra vida y no pueden ser simplemente suprimidas o ignoradas, puesto esto hace que se manifiesten de maneras inapropiadas en contextos poco convenientes. En este sentido, es fundamental que le demos un tiempo y espacio a esas emociones negativas y las expresemos apropiadamente, puesto que hacen parte de nosotros y nos permiten disfrutar de las emociones más positivas posteriormente.


Si has perdido tu empleo, has sufrido una ruptura amorosa o un ser querido ha muerto recientemente, sellar o contener las emociones negativas no te permitirán recuperarte adecuadamente y podría generar dificultades en el futuro.


Las emociones positivas también deben regularse y controlarse
Igualmente, las emociones negativas hacen parte de nuestro repertorio social y permiten comunicar a los demás que no nos sentimos bien y que nuestras necesidades son diferentes en un momento dado.

Si las personas esperan que estés siempre alegre y feliz, estarán encima tuyo cuando te vean desanimado o melancólico y tratarán de forzarte a volver a tu estado de ánimo positivo.

Sin embargo, en ocasiones necesitas estar solo, sentirte mal, llorar, quejarte, enojarte y es importante que las personas lo sepan para que te brinden el apoyo adecuado o simplemente no te incomoden.  

Las emociones negativas, en este sentido, imponen límites sociales necesarios. 


La tristeza y las emociones negativas sirven como canal para el auto-conocimiento, la corrección de errores, la auto-crítica, la reflexión profunda, el planteamiento de metas y la "autoreparación" cuando hemos pasado por momentos difíciles.

En el caso concreto del pesimismo como emoción negativa, existen beneficios de pensar que el futuro no va a ser tan bondadoso con nosotros, pues baja nuestras expectativas. En el caso de que el futuro realmente supere nuestras expectativas, nos sentiremos mejor; y en caso de que no lo haga, no nos sentiremos decepcionados y nuestras esperanzas no habrán sido destruidas, pues no eran tan promisorias de todas maneras.

Si te fijas, grandes ideas y proyectos han surgido porque se pensaba que lo peor podía ocurrir, así que la gente trataba de hacer hasta lo imposible por impedir que hubiera la más mínima posibilidad de que eso pasara. El pesimismo y el pensamiento negativo han sido centrales en muchos inventos, descubrimientos, ideas, empresas, logros y creaciones.

Las emociones positivas también deben ser reguladas


Por otro lado, las emociones positivas también necesitan ser reguladas y controladas. Por ejemplo, si confías en que puedes lograr cualquier cosa en cualquier momento y lugar y piensas que es cuestión de disposición mental y de actitud, puedes forzar tu cuerpo y tu mente hasta límites excesivos, que pueden comprometer tu salud física o mental en un futuro.

Las emociones positivas generan sesgos peligrosos

En este sentido, si crees que puedes hacer ejercicio como un desquiciado y no te das los tiempos de descanso apropiados, o si piensas que puedes pasar días enteros sin dormir porque debes dedicarte a tu trabajo o a tu estudio, estás arriesgándote, por poner casos concretos, a una lesión, o a sufrir complicaciones cardíacas posteriormente.

Asimismo, si el sesgo positivo puede hacerte pensar que las cosas saldrán a tu conveniencia, es posible que te conviertas una persona que no tolera fácilmente la frustración.

Por ejemplo, si siempre crees que vas a ganar en una competencia o en un juego de mesa, te molestarás y te sentirás muy mal si pierdes. Si estás apostando y confías en que saldrás ganando mucho dinero, pasarás más tiempo jugando e inviertiendo dinero, a pesar de que tus posibilidades de ganar sean las mismas o incluso, empeoren.

La impulsividad que generan las emociones positivas nos hacen propensos a cometer mayores riesgos, a desarrollar conductas adictivas, a considerarnos mejor que los demás, a subestimar el peligro y a ser inflexibles.

Expectativas VS Realidad: Los optimistas
El pensamiento positivo y optimista también debe ser puesto bajo análisis y debe ser aplicado sabiamente. Si tienes una tarea que realizar y comienzas a soñar despierto y a pensar en fantasías y deseos grandiosos sobre lo bien que te sentirás cuando termines de hacerlo, esto puede disminuir tus niveles de energía y dejarte menos preparado para emprenderla, porque sientes como si ya la hubieras hecho, aunque hubiera sido solo de manera virtual o simulada. Por un momento, la fantasía se siente bien, pero te puede relajar tanto que te puede quitar las ganas de hacer lo que debes hacer para cumplir la fantasía.
Las emociones positivas son igualmente peligrosas que las emociones negativas.
En conclusión, las emociones, los rasgos y procesos psicológicos no son automáticamente negativos o positivos. Nuestro bienestar no consiste en buscar lo positivo y evitar lo negativo, sino considerar el contexto en el que estas emociones operan.


Error #5 El optimismo te puede hacer sentir peor y bajar tu autoestima


Cómo el pensar positivamente puede ser contraproducente
El optimismo puro o crudo también hace que nuestros marcos de referencia sean más exigentes. Los mensajes exageradamente positivos, aunque intentan mejorar nuestra autoestima, curiosamente la disminuyen

Esto sucede porque crea un marco de referencia casi perfecto, artificial y abultado que es difícil de alcanzar por cualquiera. 

En otras palabras, estos mensajes nos invitan a ser alguien que no podemos ser y nos hace sentir mal porque no podemos alcanzar ese positivismo y optimismo agrandado que parecer ser el ideal. Algunos mensajes son tan positivos que nos imponen un marco de referencia inalcanzable que nos hace sentir peor.

A pesar de que podamos sentirnos bien y nos esforcemos por conseguir nuestras metas, siempre hay mensajes que nos dicen que no nos esforzamos lo suficiente, que no hacemos los sacrificios suficientes, que no somos tan perseverantes, que nos rendimos fácilmente, que no trabajamos tan duro, que somos demasiado emocionales, débiles, sensibles y frágiles.
Si nos encontramos con personas demasiado optimistas en un lugar específico, nos estamos exponiendo al rechazo (lo que atentará contra nuestra autoestima) porque seremos los "pesimistas y negativos del grupo", seremos las personas tóxicas, las que siempre se quejan, las que le ven lo malo a todo, a pesar de que sea normal sentirnos así.

Además, si una persona con baja autoestima que no confía en sí misma se ve expuesta a estos mensajes, va a considerarse lejos de lo que es "normal" y va a pensar que no es lo suficientemente adecuada. En otras palabras, se va a sentir peor y va a estar menos motivada a cambiar o hacer algo para mejorar su bienestar psicológico.

El pensamiento positivo no es para todo el mundo 
Los mensajes positivos suelen ser mucho más efectivos en las personas con alta autoestima, con ingresos económicos que alcanzan a cubrir sus necesidades básicas y con redes de apoyo sólidas a nivel familiar, laboral, comunitario y social.

Parece ser que el optimismo y el pensamiento positivo no es para todo el mundo, o por lo menos, no funciona de la misma manera en todas las personas.



Error #6: El optimismo puro es sesgado y nos limita


No hace falta elaborar un argumento complicado explicando esta idea, puesto que las ideas que he desarrollado hasta aquí muestran lo simple que resulta asumir el optimismo en todo momento si lo convertimos en algo sistemático, automático y socialmente deseable.

El optimismo nos hace ciegosEl optimismo generaliza y es independiente de la información disponible. En otras palabras, impide hacer predicciones del futuro porque no tiene en cuenta la información con la que contamos en un momento dado. 

Sencillamente nos dicta que debemos esperar lo mejor, que todo va a salir bien y que no debemos preocuparnos en exceso cuando las cosas van mal.

En este sentido, estamos negando la complejidad y el carácter caótico y desordenado del mundo. 

Si asumimos el optimismo sesgadamente, vamos a ignorar claves sutiles de cómo van a resultar las cosas. Esto quiere decir que nos cegamos ante posibilidades menos esperanzadoras pero que pueden ser las más probables.

Nuestra mente se niega a ver las cosas negativas que pueden pasar (o que están pasando) y nos conduce siempre a la imagen más positiva de todo, lo cual nos hace sentir bien pero luego nos puede hacer sentir terrible cuando nos estrellemos contra la realidad.

A partir de esto, desarrollamos un sesgo optimista que consiste en tener en consideración prioritaria todas las cosas positivas y que entran en correspondencia con nuestra forma de pensar, cegándonos ante las cosas malas o que van en contra de lo que se supone que debemos pensar, restándoles importancia o considerándolas una pequeña excepción a la regla. Es decir, comenzamos a ignorar sistemática y automáticamente lo que nos indique que las cosas no son tan buenas como pensamos.


No te pierdas las próximas publicaciones que seguirán abriendo el debate acerca de este tema tan central en la psicología positiva y el desarrollo personal. Tus comentarios son los que enriquecen este tipo de discusiones, así que comparte con todos tu punto de vista sobre el asunto. A continuación te dejo con algunas preguntas que reflejan las ideas que acabo de exponer.



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  1. ¿Cómo sueles reaccionar cuando te encuentras con una persona demasiado optimista, que parece negar la realidad a su alrededor? ¿Te has encontrado alguna vez con una persona cuyo optimismo y positivismo fue incómodo o molesto para ti?

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  2. ¿Crees que a las personas que son optimistas les va mejor en la vida?

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  3. ¿Has conocido personas pesimistas o realistas? ¿Por qué crees que a algunas personas les disgusta pensar en términos positivos?

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  4. ¿En qué casos te ha funcionado ser una persona optimista? ¿En cuáles casos no? ¿Por qué?

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  5. ¿Ser una persona optimista es algo con lo que nacemos o desarrollamos? ¿Por qué crees que es así?

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